Caterpillars are here

La semana pasada apareció un huevo en nuestras clases, como lo tratamos fenomenal pronto nació nuestro amigo el  caterpillar  y nos encontramos un montón de cuentos de “The very hungry caterpillar”, “La pequeña oruga glotona”.

¡Lo mejor es que las sorpresas no se acaban aquí! El miércoles cuando volvimos del recreo estaban en clase todos sus amigos.

Hemos prometido cuidarlos mucho así que ya os iremos contando qué nuevas sorpresas vamos teniendo.

 

RAIN CLOUD GRAVITY PAINTING

When it rains gravity is pulling each rain drop towards the ground so we thought we would use gravity to help us make rain cloud art. This painting activity is so fun for the kids and a great way to add some extra learning in about the water cycle and rain. This month is certainly appearing to be full of Spring showers–all because of art time!

We have glued cotton balls to our paper to make clouds. And mixed water and liquid water colors together to make the paint.

And then, we have used the eye dropper to drip paint below our cotton ball clouds. Have them squirt onto the paper instead of into the cotton ball because the cotton ball absorbs the paint and then it takes longer to rain.

This kind of activity help us to improve fine motor skills and the way to pick up properly the pencil. We also get more concentration.

San Isidro

El pasado lunes celebramos en el cole San Isidro, vinimos bien guapos de chulapos y de chulapas.

En clase bailamos el chotis y preparamos el mantel para la tarde hacer la merienda en nuestra particular pradera.

 

Aquí os dejamos las fotos!

San Isidro 2018

¡Hola a todos!

Hoy celebramos San Isidro en el colegio, para lo que hemos venido todos guapísimos vestidos de chulapos y chulapas.

Hemos preparado un mantel gigante por la mañana para podernos sentar en nuestra pradera particular esta tarde para merendar todos juntos. Cada uno ha puesto su nombre en su parte del mantel y se ha dibujado con el traje de San Isidro.

También hemos aprovechado para bailar un par de chotis… ¡Qué difícil es!

 

Oh là là!

Buenos días a todos,

Hoy hemos querido convertirnos en pequeños franceses, por lo que hemos cogido nuestra foto y le hemos ido añadiendo elementos representativos de Francia.

Previamente habíamos ido recortando cada parte para continuar desarrollando nuestra motricidad fina.

¡Hemos quedado guapísimos!

¡Esperamos que os guste!

 

UN REGALO MUY ESPECIAL

Los papás de los niños y niñas de 1 año, se han juntado aprovechando una ocasión muy especial,el esperado día de la madre. Entre pinceles, pinturas y travesuras, han decorado unos divertidos regalos. Esperamos mami y demás familiares, que os hayan gustado. Lo han hecho con mucho cariño.
Muchas gracias y hasta la próxima.

 

La hermana de la S: la X

Como todos los lunes hemos recibido la visita del Señor Estudioso, y esta vez ha venido con la hermana de la S: la X, y traía con ella su xilófono.

Aquí os dejamos el cuento para que sepáis un poquito más de ella:

 

Llegamos al final de las historias del País de las Letras. Bueno, las historias no se acaban, pero los personajes sí. No os preocupéis, porque todavía nos quedan por conocer muchas otras cosas sobre ellos.

La pequeña X vivía en casa de su hermana, la señorita S.

Cuando todavía no se había marchado el circo, empezó la feria: toboganes, caballitos, autos de choque, el tren de la bruja, el laberinto, el gusano loco, animales, bicicletas y todas esas diversiones que a vosotros os gustan tanto. Además había churrerías, tómbolas, casetas de tiro, de rifas, de plantas, de pájaros, y qué sé yo cuántas cosas más.

Así que el ruido en el País de las Letras era terrible.

¿Creéis vosotros que la señorita S podía conseguir que hubiera silencio en algún momento?… ¡Qué va! Cuando callaban por un lado, empezaban los ruidos por el otro. Ella estaba cansadísima de decir: «Ssss, ssss, los reyes se van a enfadar». Pero todo seguía igual.

El rey U se hartó de tanto ruido y de escuchar todo el día los altavoces gritando: «Pasen, señores, pasen», y muy enfadado mandó llamar a la señorita S.

—¡Esto parece el país de los locos! —dijo el rey U muy enfadado—. No hay quien resista tanto alboroto. No podemos dormir ni siquiera con tapones en los oídos. Hay tanto ruido que parece que tenemos los altavoces en la habitación. Si no conseguimos silencio, mandaré marcharse a todos del país.

—Señor —dijo la S—, los niños se pondrán muy tristes si se va la feria. A ellos les encanta la música y las diversiones. Todos están felices. ¡No los echéis fuera!

—¿Qué podemos hacer?… Yo no lo resisto, ni los enfermos tampoco —dijo el rey U.

—Podrías buscarme una ayuda.

—¿Quién? —preguntó el rey U.

—Tengo una hermana pequeña que habla casi casi igual que yo. Además es muy mandona y le encantará pasarse el día en la feria exigiendo silencio.

—Dile a tu hermana que venga a verme. La señorita S fue a buscar a la pequeña X y se presentaron ante el rey.  Así habló la pequeña X cuando el rey U se lo ordenó: «Xxxx, xxxx, xxxx, xxxx».

Sonaba un poco más raro que la S: «Ssss, ssss, ssss, ssss», pero…

—Bueno, está bien. Que te ayude.

Probaron una por cada lado de la feria. ¿Creéis que consiguieron hacer callar a los alborotadores?… ¡Ni hablar!… El ruido seguía sin parar.

De nuevo las llamó el rey U porque estaban todos cansados y enfadados. No sabían qué hacer. El señor Estudioso, que estaba preparado para dibujar el cuerpo de la pequeña X, dio la solución:

—Poned unos altavoces más grandes que los de la feria, uno a cada lado, y la señorita S y la señorita X sentadas tranquilamente con un micrófono. Así las escucharán mejor y parecerá que hay muchas personas vigilando. De este modo, tendremos silencio.

Y así lo hicieron. De pronto, en medio del ruido de la feria se pudo escuchar: «Ssss, ssss, xxxx, xxxx».

Y todo se quedó en silencio. Hasta la Familia Real se asomó por la ventana para ver si la feria seguía allí. Creían que se habían quedado sordos.

La pequeña X fue la encargada de explicar que no podían hacer tanto ruido a todas horas, porque había personas que necesitaban silencio para trabajar o para descansar. Se pusieron de acuerdo y todo iba bien. La señorita X se quedaba encargada cuando su hermana tenía que hacer otras cosas, y todo el mundo obedecía igual.

Si os fijáis cómo pronunciamos las palabras, sabréis si se escriben con «s» o con «x». Se nota mejor cuando la Familia Real habla primero.

Pues tengamos mucho cuidado para pronunciarlas bien

EL LECHERO L

Los niños del País de las Letras crecían sanos y fuertes gracias al lechero L, porque la leche es un alimento muy importante. Nuestro llllechero hacía mantequilla con la leche que le sobraba y se la vendía al pastelero… ¿Quién es el pastelero? El señor P, ¡naturalmente!

El lechero L preparaba batidos que llevaba a la doctora para que se los recetase a los niños enfermos, y hacía queso para vender, porque el queso es muy nutritivo y pone tan fuerte como la leche.

Todas las mañanas, el lechero L se levantaba muy temprano para ordeñar las vacas. ¿Quién sabe qué es ordeñar vacas?… Sacarles la leche. Muy bien. La ponía en lecheras muy grandes y la llevaba con un carro por la ciudad. Ahora ya no se compra así la leche, ¿verdad?

Al llegar cerca de las casas de sus clientes, gritaba: «¡Lllleeeecheeeeroooo!». La gente dejaba sus trabajos y salía a la calle a comprar la leche necesaria para su familia.

Los reyes hacían lo mismo, porque también necesitaban leche para sus hijos. A la princesa O y al príncipe E les encantaba la leche fría. La tomaban a la hora de comer como si fuese agua. La princesa I solo tomaba medio vaso, porque, como era tan delgada, enseguida se llenaba.

Con ella también hacían ricos flanes, natillas o chocolate para mojar los picatostes que el panadero P les llevaba cada mañana.

¡Qué ricos, pero qué ricos que estaban! Hasta la princesa I se alegraba cuando sus padres preparaban aquellos deliciosos postres.

El príncipe E, tan travieso como siempre, un día quiso levantar la pesada lechera que el señor L había dejado en el jardín. Cuando ya había conseguido levantarla, tropezó y se cayó, y, con él, la lechera y la leche. Parecía que se había dado una ducha de nieve, con toda la leche por encima. ¡Estaba tan blanco!

Un perro que había por allí se acercó a lamer toda la ropa del travieso príncipe E. Como siempre, acabó en la ducha. Tuvieron que ponerle ropa limpia. El rey U pagó la leche derramada, pero luego el príncipe tuvo que ir devolviendo el dinero, quitándoselo de sus propinas. Era justo. Así aprendería a ser más cuidadoso.

Normalmente, cuando el lechero terminaba su trabajo, se iba al huerto a cultivar y a coger llllechugas, que le encantaban para la ensalada. Un día se llevó de paseo a las vacas. Las dejó a la orilla del río pastando, pero, cuando se dio cuenta, ya las tenía dentro del huerto comiéndose las lechugas, así, solas, aunque no estuvieran aliñadas como en la ensalada… No pudo enfadarse, pues la culpa era suya por no tener más cuidado. Otra vez las dejaría atadas para que no hiciesen travesuras.

Para hablar como el llllechero, tenemos que tener la boca abierta y la punta de la lengua detrás de los dientes superiores. Hagamos nosotros de lechero y gritemos como él: «¡Llllecheeeeroooo, llllecheeeeeroooo, rica llllecheeee! ¡Llevo nata, mantequilla y queso! ¡Llllechero!».

Vamos a ver qué podemos decir cuando la «l» va en compañía de los reyes y de sus hijos: «Lu, la, li, lo, le». Fijaos bien en cómo suena, porque luego os presentaré a un primo suyo que es el portero del palacio de los reyes.