No podían ser diferentes porque siempre habían sido iguales

igualdad genAño tras año se celebra el Día Internacional de la Mujer y siempre hay una palabra que revolotea y  se cuela en cada conversación; igualdad. ¿Qué es para nuestros pequeños escritores la igualdad?

Mientras que la agenda informativa obliga cada ocho de marzo a hablar de igualdad como algo necesario y urgente, para nuestros pequeños escritores es algo cotidiano y real. Sonrío. Por fin, la generación necesaria ha llegado, una generación que no necesita celebrar la igualdad porque la siente y la vive cada día. Aquí os dejo unos retazos de lo que en tan solo cinco minutos pueden aportarnos:

quotes Eran don mellizas idénticas. Desde pequeñas tenían siempre todo igual, la ropa, el corte de pelo, las habitaciones, todo. Hasta que un día se cansaron y decidieron empezar a hacer todo distinto.

Empezaron yendo a dos peluquerías situadas cada una en una punta de la ciudad, pero cuando regresaron a casa se dieron cuenta de que se habían cortado el pelo exactamente igual. Entonces, decidieron probar a renovar sus armarios y habitaciones respectivas. Como con el corte de pelo, cada uno se fue a un lugar diferente de la ciudad para hacer sus compras, sin embargo, cuando regresaron el resultado fue el mismo; habitación y vestuario nuevo e idéntico.

Finalmente, se dieron cuenta de que no podían ser diferentes porque siempre habían sido iguales.

Lucía Prieto

quotes Desde hace poco tiempo la mujer alcanzó al hombre en una carrera injusta en la que tu sexo te podía situar muy por delante. La palabra igualdad era apenas existente e inalcanzable para una mujer, es más, aunque estemos cerca, ni siquiera hoy en día es cierta completamente… Quizá no todos somos iguales, pero valemos lo mismo.

Mario Gonzalo

quotes Era tarde y quería volver a casa. Su mujer le estaría esperando en casa con la cena ya hecha. Sin embargo, cuando llegó a casa se encontró a su mujer tumbada en el sofá. Y aún se dio cuenta de algo más, la cena no estaba preparada.

No pudo más que enfadarse con su mujer y le recriminó que no hubiera comida en la mesa. Ella, con voz suave, le dijo que eso no era justo, le dijo que ella venía del trabajo cansada igual que él y aun así se ocupaba de los niños, preparaba la cena y demás tareas de la casa, mientras que él simplemente llegaba del trabajo y exigía la comida ya servida.

A pesar de seguir enfadado, se dio cuenta de que todo lo que decía su mujer era una gran verdad, por lo que le propuso lo siguiente: él iría una semana a por los niños y ella haría la comida, y a la semana siguiente sería él el que cocinase,  mientras que ella iría a por sus hijos a la guardería.

Ambos, iguales, se abrazaron.

Adrián Barazón

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