“Tostadas quemadas”, relato ganador de la IV edición del concurso de relato breve “Beatriz Galindo”

Tostadas quemadas, de Cristóbal Justo Rustarazo.

En ese momento tenía el rostro pálido y el pelo enmarañado, acababa de salir de las sabanas perfectamente planchadas de la casa de mi abuela y me dirigí a la cocina con ansias de desayunar. Cuando llegué hice ademán de saludarla,  pero para mi sorpresa mi abuela no estaba.

Estaba extrañado. Ella acostumbraba a levantarse temprano para cocinar su maravillosa comida. Al descubrir la hora que señalaba el reloj, me acordé de que la abuela  se había ido temprano, casi de madrugada, al hospital a hacerse unas pruebas de la retina, aunque ya tendría que haber llegado a casa.

Tenía la impresión de que algo raro pasaba no sabía el qué,  pero seguro que algo raro sucedía, tras vagar unos minutos por nuestro hogar me di cuenta de que determinados objetos habían  desaparecido, no estaban ni la gran cómoda  del salón ni la silla de cuando yo era pequeño.

Estaba empezando a asustarme y mi abuela todavía no llegaba. Llegó la hora de la comida y mi abuela seguía sin aparecer. Poco más tarde me decidí a ir al hospital para comprobar si ella seguía allí, cuando salí de la casa el tiempo estaba tranquilo y soleado, pero, unos treinta segundos después el clima se puso totalmente en mi contra, empezó a diluviar como nunca había visto y a tronar como jamás había oído, era tal la tormenta que en la calle no se encontraba un alma, ni una sola presencia.

En aquel momento decidí darme la vuelta y entrar en la casa, pero para mi sorpresa el edificio entero había desaparecido No daba  crédito a lo que veía y me froté los ojos para comprobar que aquello no era una ilusión, pero no cambió nada.

Atemorizado y asustado por la situación de mi abuela salí disparado en dirección al centro sanitario. Las gotas impactaban contra mi cara y mojaban mi pelo, un tiempo después empecé a notar fatiga en las piernas y al poco rato no podía seguir corriendo, y paré un tiempo a descansar y a resguardarme de la lluvia. Cuando mis piernas habían descansado retomé la marcha, no podía esperar ni un minuto más sin saber la situación en la que se encontraba mi abuela, esa duda me desquiciaba ,pero sabía que ya estaba cerca del hospital y de la respuesta que necesitaba.

Cuando llegué a mi destino entré y pregunté por ella.

–“Perdone, ¿se encuentra Pilar González en el centro?-. Ella respondió que no, que hoy no había ingresado nadie con ese nombre. Ahora sí que estaba desquiciado, rogué a la recepcionista que volviese a comprobarlo, pero su respuesta no varió.

No sabía qué había podido pasar, mi corazón estaba acelerando sus pulsaciones, mi rabia aumentaba por momentos y encima estaba calado de agua.

Mi imaginación me llevó a la idea de que quizás estuviese en otro centro, pero pensé que era imposible, ya que ella no tenía coche y no se conocía los trayectos de los autobuses.

Llegué a la conclusión de que tenía que haberse perdido por el camino, ya que es una persona con visión limitada, y me culpé por no haberla acompañado, cada pedazo de mi autoestima había sido destruido, me sentía fatal.

Tenía que encontrarla, por eso salí a la calle y pensé donde podía estar. Y llegué a la conclusión de que sería posible que estuviese en casa de su amiga Petra, una mujer viuda como ella que siempre nos trataba muy bien y que era la única persona que mi abuela conocía desde que vino del pueblo y con la que tenía mucha confianza. Entonces cogí el teléfono y llamé a casa de aquella mujer, y ella misma me aseguró que mi abuela tampoco estaba allí.

Como no sabía  que hacer retrocedí sobre mis pasos hasta el piso desaparecido, a ver si encontraba a Pilar, pero no hubo suerte, seguía sin encontrarla. De repente giré mi cara hacia la derecha y entre la cortina de agua, divisé una zona en la que no llovía, en esa zona de unos tres metros cuadrados únicamente allí, hacía un sol abrumador, esa parcela rodeaba un banco, el banco donde se encontraba sentada  mi abuela.

Me dejé llevar por las piernas hasta el banco y descubrí que no era una alucinación, era real, ¡mi abuela les estaba echando migajas de pan a las palomas!

Me senté a su lado y me saludó sin inmutarse.

–“Hola”-. Me quedé impresionado por su rostro eufórico e inundado de alegría, ¡ella estaba sonriendo!, yo imité su gesto porque ella no sonreía desde que mi abuelo falleció, es más, Pilar llevaba sin sonreír desde que murió mi padre, aquel oscuro día en que todos cambiamos la forma de relacionarnos y que deshizo la celebración de los cumpleaños, los villancicos de la navidad y mi propia niñez. De repente ella giro la cabeza, me dio la mano y mirándome fijamente me dijo:

— Siento haberte asustado, pero necesitaba salir de mi rutina, sentir que los días estaban para vivirlos y que yo podía elegir cómo hacerlo,  no aguantaba más seguir yendo y viniendo al médico y mañana tras mañana  hacer el mismo desayuno.

Creo que entendí todo lo que me decía y mucho más. Y así nos quedamos callados acompañándonos y sintiendo la calidez del sol un buen rato.

De repente una luz abrumadora sacudió mis ojos y cuando los abrí me descubrí en mi cama tumbado y  arropado  y que  mi abuela estaba subiendo con cuidado la persiana de la habitación, como solía hacer al despertarme  para que yo pudiera comenzar el día con calma.

En aquel preciso instante, en una milésima de segundo,  me di cuenta de que todo había sido un sueño y de que nada de lo que tenía tan presente en mi cabeza aún, era verdad.

Cuando se me pasó la conmoción me dirigí a ella y poniéndole la manos en la cara, le pregunté que si esta vez prefería que yo hiciese el desayuno, ella asintió y juntos devoramos unas tostadas más bien quemadas que nos supieron a gloria.

Sin dejarla reaccionar, le propuse que  después nos fuésemos a dar un paseo y a sentarnos un rato en la laguna a echarles pan a los patos.

Ella respondió con un gesto amable y se fue a su habitación, yo no sabía muy bien si lo que le decía le estaba gustando o no, no acababa de entender si la estaba animando o poniéndola en un aprieto, pero justo cuando empezaba a desanimarme y a pensar que todo esto no tenía sentido y que tal vez las personas mayores necesitaban sus rutinas para vivir, ella se presentó en la cocina con un ligero vestido de colores. Tantos y tantos meses rodeada de gris que de repente vi en ella a una mujer casi desconocida, que me sonreía con los labios pintados de rosa y que desprendía ternura y cariño.

–¡Vamos! Me  encantaría ir a la charca de los patos, pero  primero tengo que hacer unos cuantos recados y después pasarme por la peluquería.

Yo le respondí que la acompañaba y ella volvió a sonreír. Hechas las aclaraciones nos pusimos manos a la obra y en la puerta nos reímos sin motivo, tanto que casi acabamos llorando, entonces ella me miró muy fijamente, casi sentía que su mirada entraba dentro de mi cabeza y descubría mis miedos más profundos, y yo no podía evitarlo, no quería que viera la ansiedad que me producía pensar en el futuro cuando ella ya nos estuviera….

Casi me pongo a gritar, pero entonces ella apretó mi mano, volvió a sonreírme y dijo “tranquilo, todo saldrá bien” y…la creí, supe que así iba a ser y que a partir de ese día cada mañana sería lo que quisiéramos que fuera, y la de hoy queríamos que fuese alegre, como no sucedía desde hacía mucho, mucho tiempo.

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Conversando con José Hierro

JHVHace años, un poeta ya consagrado, se atrevió a reflexionar sobre la vida dejando uno de los sonetos más importantes del siglo XX. Seguramente fueron muchas las pruebas que hizo hasta alcanzar esta maravillosa regularidad métrica y rítmica que aquí transcribo:

 

 

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo,
supe que todo no era más que nada.

Grito: ‘¡todo!’, y el eco dice ‘¡nada!’.
Grito’¡nada’!, y el eco dice ‘¡todo!’.
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

Hoy, nuestros pequeños escritores han reflexionado sobre la vida, se han vuelto filósofos por un día, han expresado sus inquietudes y, sin saberlo, le han rendido un callado y sentido homenaje porque, aunque los lunes no apetezca hacer nada, cuando estos cronopios se lo proponen hacen de todo.

quotes

Algo. ¿Qué es algo? Algo no es nada, pero ¿y si algo es todo? Luego tenemos la palabra nada. “Piensa en nada”, “no pienses en nada” dicen. Pero entonces, ¿qué hay que pensar? Yo creo que la nada es blanco, ya que el blanco es limpio, puro; es un color sincero y con el que te sientes sin preocupaciones. Pensando en la nada, no tienes nada que temer, no hay nada que te pueda preocupar, no hay ninguna cosa que te impida hacer nada; la nada es libertad. Estás tú y la nada, solos, en un mundo paralelo, sin nadie que te moleste y sin nadie a quien molestar. La NADA es TODO.

María Gil de la Calle.

quotesLa vida es una cuestión de preguntas sin respuesta. Una vez leí que la vida es una bonita mentira y la muerte una triste verdad, es cierto, la gente se asusta de la muerte, ¿a quién no? A todos, porque sabemos que nada es para siempre, que todo tiene que acabar. Pero si dejamos nuestra huella en la vida esta quedará para siempre.  La gente recordará quién eres y tus hijos y nietos estarán orgullosos de la persona que lograste ser.

Todos somos iguales y diferentes a la vez, pero solo aquellos que quieren algo y van a por ello dejan su huella en esta bonita mentira.

Paula González Ajo.

quotesCuando caminas hacia algún lugar casi nunca sabes lo que te espera al final del camino, por eso muchas veces a la mitad de este nos damos la vuelta sin llegar a descubrir lo que hay al final. Algún día nos daremos cuenta de que la mitad de las oportunidades que la vida nos da no las aprovechamos como deberíamos.

Por eso os propongo un reto: llegar hasta el final del camino y descubrir lo que este nos tiene preparado.

Laura Robles.

quotesHay momentos en los que pienso que me gustaría estar en cualquier sitio menos en este; que en un instante, con solo pensarlo, pudiera teletranportarme de alguna manera al lugar que quisiera, ser la persona que me gustaría ser, tener una vida feliz y plena. Luego pienso que haciendo esto perdería todo lo que me rodea aquí y me gusta: familia, amigos…

Y es que hay veces que fallando ganas más que habiendo hecho lo que te gustaría. Por eso siempre he pensado que los fallos nunca son fallos, sino grandes lecciones.

Teresa Guardo

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La hoja en blanco

Todos los escritores han sufrido alguna vez en su vida el castigo de la hoja en blanco. Sentarse en su escritorio, colocar cuidadosamente un folio sobre la madera, agarrar la pluma y… nada.

Lo mismo ocurre con la vuelta al colegio y bien lo saben nuestros nuevos pequeños escritores. Se han enfrentado ya a la difícil tarea de ser libres frente a una hoja y la cosa no ha sido fácil. Un ejercicio dictado por elVUELTA AL COLE profesor en apariencia tan sencillo “escribid en cinco minutos lo que queráis” se ha antojado harto complicado. Es el primero de muchos y poco a poco se irán soltando y escribiendo más y más. Aún así, esta primera toma de contacto no ha estado nada mal. Ahí van algunos ejemplos:

quotes Hace tiempo, en un gran y precioso pozo, los guajes del pueblo iban a darse un chapuzón para combatir el calor del verano. Con los años, para aquellos chicos, era insuficiente el hecho de refrescarse en la poza y decidieron coger una cuerda y atarla en lo alto de un árbol para hacer peligrosos y, a la vez, emocionantes saltos.

La sensación de precipitarse al agua desde aquel árbol era increíble, pero eso no evitaba que algunos acabaran con pequeñas heridas y rozaduras.

Un riesgo que los bañistas corrían, porque el peligro estaba compensado con la diversión.

Carlos del Río

quotesA todo el mundo le gusta el arte, pero pocos podrían responder a la pregunta ¿qué es el arte?

Hay gente que piensa que el arte es la música, la pintura, el dibujo… Para mí es una forma de expresar sentimientos, lo puedes hacer a través de una canción, un instrumento, un poema, una carta, un cuadro….Todo eso es arte.

Y a mí me encanta.

Áurea Franco.

quotes La primera vez que mi madre me lo comentó era enero y no me creía que fuera a pasar. Tenía muchas ganas y estaba muy ilusionada. Normalmente había pensado que era una broma, pero no era así, ya que en la mano sujetaba una solicitud para un colegio en Irlanda.

Y aquí estoy, hoy a uno de septiembre, en el aeropuerto esperando a que llegue mi avión, nerviosa e impaciente, con rumbo a un nuevo año lleno de sorpresas.

Lucía Martín.

quotes¿Quién iba a pensar lo  fácil que es aprender inglés en otros lugares? ¿Lo difícil que puede llegar a ser convivir durante tres semanas con una persona? Y es que no hay nada más bonito que viajar; ver otros paisajes, aprender nuevas culturas…. Pero, sobre todo, conocer gente nueva, tener amigos en cada rincón del mundo.

El estar tan lejos de tu gente, tu casa y todo a lo que estás acostumbrado hace que cada lugar que visitas parezca especial. ¿Especial? Bueno, sí, podríamos dejarlo así.

Paula Ruiz.

 

 

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Cedemos el testigo

Los alumnos que ahora están en 4º de la ESO empezaron con un blog que suscitó distintas reacciones desde el inicio. Ahora, un año después, ceden el testigo a unos compañeros que experimentarán los TESTIGOdevenires que la hoja en blanco provoca. “Quién lo probó lo sabe” dijo el poeta. Elos ya lo hicieron y estas son algunas de sus impresiones:

“El primer día que nos dijo que sacáramos una hoja en blanco par escribir lo que quisiéramos no supimos por donde empezar, pero al final, todos, escribimos algo”.

“Poco a poco fuimos cogiendo soltura y poco a poco desarrolló nuestra imaginación hasta que pudimos sacar una historia casi de la nada, solo con una hoja blanca como la nieve”.

“El ejercicio era una manera de mejorar la expresión escrita, de cuidar el vocabulario y ejercitar la imaginación”.

“Siempre era agradable salir de la rutina diaria, a veces dura, y pasar un rato en el que imaginar y en el que todo podía ser verdad”.

“Era unos minutos para desconectar de todo, cinco minutos en los que podíamos ser lo que quisiéramos”.

“Y entre risas y caras sonrojadas pasábamos un buen momento cuando leíamos en alto los textos elegidos antes de empezar con el rutinario temario”.

 

Hay muchas impresiones más, pero he creído conveniente señalar las más relevantes. No obstante, nos han dejado una carta de despedida del blog que bien pudiera ser de bienvenida a este nuevo curso que hemos empezado con tanta alegría. Ahí os la dejo. El remitente, vuestros compañeros. Otros grandes escritores de pequeños relatos.

Buenas, pequeños escritores,

Ahora que estáis por fin en tercero veréis que todo va a cambiar para vosotros en el colegio. Echaréis de menos las collejas de Serrano o las clases de tiempo libre con Carlos, pero a cambio, saldréis a las dos y media.

Este curso os encontraréis con muchas cosas nuevas; ls profes, por ejemplo, y esas dos míseras dos hojas de bloc de examen para los exámenes de Lengua.

Por último, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda, pasaros el testigo de un blog que comenzamos el año pasado y que ahora os toca a vosotros continuar con vuestros relatos.

¡Buena suerte, chicos!

Firmado,

4º ESO.

 

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Volver la vista atrás, de Elisa Trampal, relato ganador de la tercera edición del Certamen de relato corto Beatriz Galindo.

Ya estaba otra vez. No fallaba. Todos los días era lo mismo, estaba harto de repetirlo.

¿Quieres traer el agua? Estoy cansado de decirte lo mismo una y otra y otra vez. Ya tendrías que haberlo aprendido.

Tienes razón— le dijo ella. Por supuesto que tenía razón. Él siempre la tenía. La observó mientras salía de la habitación a media carrera. Qué inútil era. Él, siguió comiendo. ¿Qué se lo impedía? Nada. Cuando volvió con el agua, ni se molestó en mirarla. Se sentaron en silencio a comer.

Te recuerdo que tu hijo sale a las cinco y cuarto— le dijo el hombre a su mujer. Obviamente, ella lo sabía, pero quería asegurarse. No se fiaba de ella. Ella, en silencio, asintió con la cabeza. Una vez terminó de comer, él se sentó en el sofá. Le quedaba una hora y media para entrar a trabajar. A ella, con solo treinta minutos restantes hasta la salida de su hijo, fue a arreglarse.

¿Dónde vas? —Le preguntó su marido.

Pues voy a cambiarme, tengo que recoger a Miguel— contestó ella, volviendo a la puerta del pasillo.

Pero no has recogido la mesa— le dijo él, tumbado en el sofá cuan largo era.

La recojo cuando vuelva, te lo prometo— añadió ella, con miedo, en un susurro.

– Más te vale— le dijo él. Vamos, no tenía nada mejor que hacer que ponerse a recoger en su tiempo de descanso.

Mientras tanto, ella en su habitación se planteaba seriamente la salubridad de su relación. Sí, era brusco y maleducado, pero en el fondo la quería, ¿verdad? A ella y a su hijo. Sería una mala racha… Que duraba ya mucho tiempo.

Cruzó el salón sigilosamente. Él estaba dormido y ella no quería despertarle. No era tanto el no querer molestar, no era por respeto siquiera. Era por miedo. Miedo a su ira, a que tomara represalias, a que se enfadase. A que la dejase, a que se fuera, a quedarse sola.

Sin embargo, y a pesar de todos sus esfuerzos, no pudo evitar que el bolso resbalara entre sus dedos, cayendo y derramando el contenido, haciendo más ruido del normal. Ella se quedó paralizada. Entonces, miró a su marido. Sí, se había despertado. Y estaba enfadado. Se enfadaba con todos los errores que ella cometía y, lamentablemente, cometía muchos.

Lo siento—, susurró, alejándose poco a poco de él, de manera casi imperceptible.

Ya sé que lo sientes. Debes. ¡Me has fastidiado la siesta! — gritó.

No era la primera vez que la gritaba, pero nunca lo había visto tan enfadado. Entonces, se levantó, y se abalanzó sobre ella. La mujer, sin saber qué hacer, salió deprisa, cerrando tras de sí la puerta. Bajó corriendo hasta el garaje y se metió en el coche. No pudo contener los sollozos Necesitaba salir de allí. Arrancó el coche y se dirigió hacia el colegio de su hijo.

La mezcla entre alejarse del peligro y concentrar su atención en la carretera hizo que poco a poco se fuese calmando. Con la mente fría, pudo analizar mejor lo sucedido. Se dio cuenta de que era terrible la situación por la que estaba pasando, pero confió en que terminaría, en que se tratase tan solo de una mala racha. No era lo más verosímil, pero sí lo que ella quería creer.

Llegó al colegio y, en la puerta, se encontró con una muy buena amiga suya. Estuvieron charlando un rato, hasta que les abrieron las puertas. Entonces, nuestra protagonista preguntó a su acompañante:

Oye, Elena. ¿Cómo estais en tu casa? Quiero decir, ¿qué tal con tu marido? Ella quería saber si lo suyo era normal o algo aislado, una excepción.

Pues estamos muy bien. Me acaban de ofrecer un puesto nuevo; él está a gusto y estamos enamorados como el primer día. — Contestó Elena, sin darse cuenta de la trascendencia que tenían sus palabras, de lo importantes que eran para su amiga. Sí, quizá exageró un poco, pero… ¿Qué más daba? Era solo una pequeña mentira. Su amiga, en cambio, comenzó a darse cuenta de que tenía que acabar con esa situación.

Las interlocutoras fueron interrumpidas por sus hijos, quienes pedían permanecer jugando en el recinto. Las madres les dieron permiso. Entonces, nuestra protagonista bajó la voz.

Oye, ¿te puedo contar algo? -preguntó. Elena asintió.- Verás… Mi marido lleva una temporada bastante irascible, rozando, a veces, los ataques de ira. Hoy mismo, sin querer, le he despertado y se ha enfadado mucho. Por un momento creí que me iba a pegar— dijo. Elena escuchó con atención las palabras de su preciada amiga, notando su voz quebrada, debido a la pena, pero sobre todo al miedo.

Se acercó a ella, mirándola a los ojos, poniéndose frente a frente.

¿Es la primera vez que te pasa? — le preguntó. Ella negó con la cabeza, pues no lo era. A esa última la habían precedido varias. Nunca les había dado importancia, pero entonces, volviendo la mirada atrás, se dio cuenta de que eran muchas, demasiadas como para ser tan solo una racha. Se dio cuenta también de que era lo que ella dijo que nunca permitiría. Se dio cuenta, por primera vez, de que la estaba maltratando. La hacía sentir de menos, la hacía verse indefensa e inútil, y la hacía creer que le necesitaba para ser feliz. Y entonces, vio la luz, y se dio cuenta de que no podía, no debía permitirlo. El apoyo de una amiga, eso es lo que necesitaba.

Gracias— le dijo, dejándola un poco desconcertada, pues Elena no sabía lo que acababa de ocurrir en la cabeza de su amiga. Aún así, sonrió. Esperaba que estuviera mejor.

Llamó a Miguel, se volvían a casa. En ese momento, no estaría su marido. Aprovecharía para recoger sus cosas. Y las de su hijo. Se iban a ir los dos. Llegaron, y estuvo recogiendo. Más tarde, ya entrada la noche, llegó el que iba a dejar de ser su pareja. Éste se encontró la mesa aún sin recoger.

Fue corriendo hasta su habitación, y encontró a su mujer trajinando con los vestidos.

¿Qué haces? ¿Por qué no has recogido la mesa? — le gritó. Ella, que se sentía animada y decidida, se sintió desfallecer. Toda aquella determinación, todo aquel coraje desaparecieron. No pudo hacer nada más que balbucear palabras sin sentido. El hombre, descontrolado, la empujó. Entonces, en ese instante, la mujer sacó todo su pundonor, y, haciendo acopio de valor, le dijo:

Me marcho. No quiero tener nada más que ver contigo. No me puedes tratar así, no tienes ningún derecho. No te necesito. Ni te necesito, ni te quiero. Para mí, esto se ha acabado. Para siempre.

¿Cómo? Perdona, pero tú no me puedes dejar. ¿Con qué derecho?

Con el derecho que me doy yo a mí misma. No necesito justificar el porqué de mi partida. Me voy y punto.

¿Y a dónde vas a ir?

Me las apañaré. Vamos, Miguel. Tenemos prisa—. Entonces, el hombre cambió de actitud. De repente, pareció caérsele el mundo encima. Aún así, aunque sintió pena por él, la mujer no titubeó y cerró, por fin, la puerta a esa vida.

Vio por fin la luz. Se fue a pasar unos días en casa de su amiga, Elena, quien la acogió de muy buen grado, orgullosa de su amiga, que había sido lo suficientemente valiente como para plantar cara, para poner los puntos sobre las íes.

Pasados unos días, rehizo su vida. Encontró una casa de alquiler, cerca de Elena. Por ese momento, era mucho más fuerte, pero aún necesitaba apoyo. Cambió su número de teléfono y pidió el divorcio. Elena no tuvo ningún problema en ayudar a su amiga, sintiéndose implicada con todo, por circunstancias que no conocía, pero que tampoco quería llegar a conocer nunca.

Elisa Trampal

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No podían ser diferentes porque siempre habían sido iguales

igualdad genAño tras año se celebra el Día Internacional de la Mujer y siempre hay una palabra que revolotea y  se cuela en cada conversación; igualdad. ¿Qué es para nuestros pequeños escritores la igualdad?

Mientras que la agenda informativa obliga cada ocho de marzo a hablar de igualdad como algo necesario y urgente, para nuestros pequeños escritores es algo cotidiano y real. Sonrío. Por fin, la generación necesaria ha llegado, una generación que no necesita celebrar la igualdad porque la siente y la vive cada día. Aquí os dejo unos retazos de lo que en tan solo cinco minutos pueden aportarnos:

quotes Eran don mellizas idénticas. Desde pequeñas tenían siempre todo igual, la ropa, el corte de pelo, las habitaciones, todo. Hasta que un día se cansaron y decidieron empezar a hacer todo distinto.

Empezaron yendo a dos peluquerías situadas cada una en una punta de la ciudad, pero cuando regresaron a casa se dieron cuenta de que se habían cortado el pelo exactamente igual. Entonces, decidieron probar a renovar sus armarios y habitaciones respectivas. Como con el corte de pelo, cada uno se fue a un lugar diferente de la ciudad para hacer sus compras, sin embargo, cuando regresaron el resultado fue el mismo; habitación y vestuario nuevo e idéntico.

Finalmente, se dieron cuenta de que no podían ser diferentes porque siempre habían sido iguales.

Lucía Prieto

quotes Desde hace poco tiempo la mujer alcanzó al hombre en una carrera injusta en la que tu sexo te podía situar muy por delante. La palabra igualdad era apenas existente e inalcanzable para una mujer, es más, aunque estemos cerca, ni siquiera hoy en día es cierta completamente… Quizá no todos somos iguales, pero valemos lo mismo.

Mario Gonzalo

quotes Era tarde y quería volver a casa. Su mujer le estaría esperando en casa con la cena ya hecha. Sin embargo, cuando llegó a casa se encontró a su mujer tumbada en el sofá. Y aún se dio cuenta de algo más, la cena no estaba preparada.

No pudo más que enfadarse con su mujer y le recriminó que no hubiera comida en la mesa. Ella, con voz suave, le dijo que eso no era justo, le dijo que ella venía del trabajo cansada igual que él y aun así se ocupaba de los niños, preparaba la cena y demás tareas de la casa, mientras que él simplemente llegaba del trabajo y exigía la comida ya servida.

A pesar de seguir enfadado, se dio cuenta de que todo lo que decía su mujer era una gran verdad, por lo que le propuso lo siguiente: él iría una semana a por los niños y ella haría la comida, y a la semana siguiente sería él el que cocinase,  mientras que ella iría a por sus hijos a la guardería.

Ambos, iguales, se abrazaron.

Adrián Barazón

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Cronopios. Esos seres que habitan en los márgenes.

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A partir del dibujo de Arturo Cebrián que da forma y personalidad al blog, todos esos pequeños escritores de grandes relatos han comenzado a divagar sobre qué o quiénes eran esos fantásticos trabajadores que aparecían en él o simplemente a escribir lo que el dibujo les transmitía.

En tan solo cinco minutos, estos son algunos de los resultados:

 

 

quotes¿Alguna vez has pensado de dónde sale nuestra imaginación? ¿Cuál es la motivación que mueve los hilos de esta poderosa arma?

Como casi todos los temas que conciernen al universo y a la propia existencia, hay varias teorías. Una de ellas, la más científica, dice que la imaginación es una capacidad de nuestro cerebro que se desarrolla en una determinada zona de él. La otra, la más fantástica, toma formas variadas según los diferentes pensamientos, temores y secretos de cada uno.

Yo definiré, en este caso, a la imaginación como un grupo de pequeños pensamientos volátiles que te hacen ver ensoñaciones, dibujar sobre un lienzo, interpretar una canción o, como está sucediendo ahora, ayudarte a trazar las letras que componen una pequeña historia.

Raquel Cerrato.

quotesEntonces todos se pusieron a trabajar, cada uno hacía su trabajo asignado; traer el enorme palo mágico que pintaba, las curiosas hojas blancas…

Los más inteligentes se pusieron a copiar, mientras otros traducían el curioso lenguaje de la gente grande.

Se pasaron allí encerrados horas, días, semanas… Pero llegó el día en el que la alarma de la fabrica sonó. Todos se pusieron eufóricos, lo habían acabado.

Tenían en sus manos lo más parecido a aquello que los humanos denominaban libro.

Víctor Sánchez.

quotes Todos trabajaban sin descanso. Los más fuertes transportaban lápices a la zona de escritura. Bajo las órdenes del diseñador, los trabajadores escribían con la pluma en el libro.

Pero, después de tantas horas de escritura y duro trabajo, algunos dejaban su labor. Uno de ellos observaba el panorama desde un alto. Otro, por su parte, se echaba una reparadora siesta apoyado en una mesa entre las idas y venidas de los transporta-lápices.

Laura Gómez.

Y como estamos de inauguración y son muchos los textos que al jurado unipersonal le han gustado, obsequiaremos, sin que sirva de precedentes, otros tres relatos:

quotesY la pequeña Molly preguntó: -¿De dónde salen los libros?- Y yo, extrañada por su pregunta, en lugar de responder de la misma manera que lo hubiera hecho cualquier persona, dejé que mi imaginación vagara. Tras un rato le dije:

– Existe un lugar, nadie sabe bien donde, del que vienen los libros. Es un taller en el que pequeños seres hacen, uno por uno, todos los libros que puedes ver en tu estantería. A veces, alguno se queda atrapado entre las hojas y, cuando logra salir, ya en casa de alguien porque el libro que habita ha sido abierto, se encarga de que no consigas hallar las llaves o las monedas que que guardabas para el recreo. Por ello, cuando tengas un libro nuevo, cuídate de que ninguno escape de entre las hojas.

Cuando acabé mi historia, Molly salió corriendo hasta la estantería y, uno por uno, abrió todos sus libros para comprobar que ningún pequeño trabajador se había quedado enganchado entre las páginas.

Elisa Trampal.

quotesEl pequeño hombre miró a su alrededor. Estaba lleno de libros, lápices, plumas, tinta… pero todo era de un desmesurado tamaño. El hombre se miró los brazos. No recordaba quien era, no era un hombre, no era nadie. Sus articulaciones eran de plástico, como el resto de su cuerpo. 

Analizó de un rápido vistazo lo que podía alcanzar a ver con un golpe de vista; fijándose bien podía decir que estaba en una fábrica donde se copiaban libros.

Tan perdido estaba en sus pensamientos que no escuchó la primera vez que le llamaron por su nombre. La siguiente alcanzó  a escucharla y despertó de sus ensoñaciones para volver a su trabajo de copista.

Paula Martín.

quotesHace ya mucho tiempo, los habitantes de un pequeño pueblo solo sabían comunicarse de forma oral, por lo que decidieron inventar una nueva forma de expresarse. 

El más anciano del pueblo escribió una serie de signos a los que llamó letras. Se inventó veintisiete caracteres para escribir lo que sintiese.

Cuando se lo enseñó a sus convecinos no entendieron qué significaban aquellos borrones y él, con la paciencia que tiene la gente vieja, les explicó que esos signos expresaban lo que él sentía. 

Sus paisanos, sorprendidos, decidieron aprender ese nuevo lenguaje y enseñarlo pueblo a pueblo, ciudad a ciudad y país a país. Ese fue su gran descubrimiento, la escritura.

Daniel Fernández.

 

 

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